Verdades de una Mentirosa

Ayer, mientras llevaba a mi hijo a un encuentro de futbol contra su eterno rival, ese equipo que nunca le han podido ganar. Se me acercó una mujer de contextura pequeña, tez pálida, ojos café claros y grandes, muy expresivos. En forma dudosa me abordó preguntándome si yo era escritor de música, yo con el pecho henchido de ego le contesté que no. Soy escritor de libros, respondí.

Ella quiso entablar una conversación pasajera, pero la verdad yo no me encontraba allí para hablar con nadie, yo había ido a ver mi hijo llenarse de experiencia futbolística, el orgullo de ganador tenía que dejarlo guardado para otra ocasión. Pero ella continuaba insistiendo en una conversación que sencillamente yo no deseaba proseguir, aunque si me causaba mucha curiosidad como había asumido que yo era escritor de música, ¿sería que ya me estaba volviendo famoso? Quise indagar un poco, pero eso era echarle más leña a un fuego que no pretendía atender, una charla que no me llevaría a ningún lugar, prefería seguir sufriendo con mi hijo que se dejaba quitar el balón con facilidad de su archirrival el número 7 del otro equipo.

– ¿cómo se llama tu libro?, porque has de saber que a mí me encanta leer, yo leo mientras trabajo, porque trabajo desde mi casa-

Información no deseada, y entre dientes le contesté  “Familias Prestadas”

-¿Dónde lo puedo encontrar?- siguió preguntando ella

En amazon.com le dije con un tono de ya, déjame tranquilo que quiero ver a hijo como juega lo que él le llama futbol.

De repente me muestra su teléfono y me dice, -ya lo compré, espero que me lo firmes apenas llegue- en ese momento le agradecí y añadí algo a la conversación que hubiese deseado nunca antes haber mencionado. “también tengo un espacio en una emisora, se llama socializando con Anibal”

En ese momento sin querer, le di alas a lo que temí que se desarrollara desde un principio, con su voz atiplada y su acento bien marcado de la isla me dejó saber que desearía ser entrevistada.

Con una voz cortante le pregunté que si tenía una historia interesante que contar, el común de las personas contesta a esta pregunta con un no, pero esta mujer no pertenecía al común, y me dijo pues interesante para la mayoría de los hombres y las mujeres que no son mojigatas, ósea tema sexual.

En ese momento me retiré de los oídos los audífonos para prestar más atención al relato que ella empezaría a contar, sus palabras eran bastante dicientes, pero en un tono de voz casi silencioso, para que los demás padres no llegaran a escuchar la historia que ella se disponía a relatar.

Su acento isleño me hacía más difícil la interpretación de sus palabras, por lo que decidí cortar lo que ella decía y le propuse que me llamara a mi teléfono, con tal que se hiciera más privada la conversación.

Mientras mi hijo corría como un salvaje de lado a lado para ganar la oportunidad de un gol, ella entre risotadas de maldad me contaba al oído su más íntimas relaciones, que erizarían al más insensible de los hombres.

Yo, asombrado al ver como una simple desconocida podía mostrar su realidad a alguien que a duras penas había visto entre partido y practica de futbol de los niños. Mi pudor se hacía presente en la conversación, pues sin tildarme de puritano había escenas de su vida que simplemente ponía a volar la imaginación de cualquier insípido. Yo no podía ser parte de su historia, yo era solo un futuro entrevistador para un programa cultural, ¿pero que de cultural tenía esa entrevista?  Por mucho que quise ser imparcial en su relato, de vez en cuando se me salía las ganas de ver un poco de aquello que tanto hablaba.

Ella, a mi lado jugaba con sus cabellos lacios que le llegaban hasta media espalda, misma que tenía descubierta al usar una camisilla verdecita, y adornada con un tatuaje de un ojo con dos alas en medio de sus hombros. Nunca quise demostrarle un tamo de interés, ¡pero un beso en ese tatuaje!, no, yo no podía, mejor dicho yo no debía caer  en su juego incinerador. Era el diablo representado en una dulce mujer, una acaba hogares, una ninfómana, una distorsionada mental, era Perséfone.

Su confesión, que yo no había buscado ni había pedido, me calaba hondamente. Su tono de voz quedo y su risa nerviosa, me incitaban a saber más y más de sus andanzas e infidelidades.  Yo preguntaba y preguntaba, y ella describía sin ningún tapujo toda su maldad a lo largo de sus escasos 28 años de edad. Vivía con sus padres y su hijo, era hija única y ellos nunca se imaginaron que habían engendrado una diosa del inframundo. Un mundo lleno de pecados pero muy bien resguardado por un falso pudor.

En su largo trasegar por los caminos del erotismo ha podido reunir un sinfín de anécdotas en la treintena de hombres que ha consumado, unos por estar borracha, otros por favores a cambio, otros por estar enmarihuanada y otros sencillamente porque sí.  Los dos casos que más me llamaron la atención, fueron: la manera como se cuadro con su novio de más de cinco años de relación, un americano de buena familia que confía ciegamente en ella. Un error craso creer tanto en el amor, pensé yo en mis adentros, pero al verla a ella quien se iba a imaginar todo lo que era capaz de hacer. Ella lo vio caminando desprevenido por el patio de la universidad y le gustó tanto que enseguida lo invitó a salir. Él se rehusó a sus encantos, pero su dulzura envenenada era irresistible. No es que ella fuera extremadamente bonita, solo agraciada, lo que sus millas recorridas eran muchas y sabía muy bien de que pata cojeamos los hombres.

Ella mismo lo invitó a cine, después a comer perro caliente y luego a un motel. Todo pagado y ofrecido por ella, el solo se dejó enredar en sus redes y cuando menos lo esperaba terminó enmarañado en su tela de araña.

Casi cinco años después ella pregonaba a los cuatro vientos que ella tenía novio pero no obligaciones con nadie. Con esa premisa seguía saliendo con cuanto hombre se le atravesara y le dejara algo a cambio.

A mi pregunta de si ella se consideraba una prostituta, ella tajantemente me lo negó. –yo no cobro- dijo ella.

¿Cuál es el motivo por el cual buscas más relaciones? –soy muy difícil de satisfacer, siempre me quedo a medias cuando  mis compañeros hace rato ya han terminado. Los hombres debieran de saber cómo entretener a una mujer- agregó

Pero igual, su novio no tenía ni la más cercana idea a la cuaima que poseía. –yo lo quiero, pero es que él es muy bueno-  y una mujer necesita algo de los dos mundo, me decía mientras su voz temblorosa me confesaba su desfachatez.

De vez en cuando la miraba como se mojaba los labios que se le secaban con la brisa por tanto hablar, yo de vez en cuando también gritaba el nombre de mi hijo para que creyeran que yo le estaba prestando atención a su espectacular partido.

El otro caso que me llamó la atención fue con un compañero de yoga de ella, que siempre la buscaba y le decía lo bonita que ella era, allí en ese preciso momento la miré fijamente para cerciorarme de sus palabras y verdaderamente distaba mucho de una belleza extrema, su cuerpo alámbrico, esmirriado no dejaba comenzar ningún mal pensamiento a primera vista, después que uno la conoce es otra cosa. –Pues una se cree lo que le dicen, si él decía que yo era bella yo me lo creí, fue su culpa por andarme diciendo cosas. Un día le pedí que saliéramos a comer sushi, un restaurante más o menos, todo iba bien, comimos, reímos y  hablamos, muy lindo el muchacho, alto, rubio y con ojos verdes. Yo ya estaba caliente, en el camino a mi casa en su carro, le dije que si tenía condones. Tomé la iniciativa porque el tonto ese no decía nada y la noche ya se aproximaba a su fin. Con esa pregunta le deja claro una a cualquier hombre por estúpido que sea que se lo quiere comer, pero este idiota contestó que no tenía y continuaba conduciendo con rumbo a mi casa. Yo siempre tengo unos cuantos en mi bolso, como él no me decía  más nada, lo invité que entrara a la sala de mi casa para despedirnos mejor, mis padre dormían en su cuarto y tenían el sueño bien pesado, así que por ellos no tenía problema alguno, el mayor inconveniente era mi hijo que ese si tenía el sueño bien liviano, algo súper extraño para un niño de su edad-

¡Como si la rara no fuera ella!

– Yo lo tiré de un empujón en el sofá, sus movimientos fueron muy esquivos, pero igual cayó como yo lo deseaba, acostado y con las piernas semi abiertas, comencé a acariciarle el pipi y eso no le funcionaba, yo tenía un vestido largo, holgado de esos que llega hasta las rodillas, no tenía pantis y ese día se me había olvidado afeitar las piernas, pero eso no le importa a ustedes los hombres cuando están en esas menesteres- acotó.

Mi hijo corría junto al hijo de ella como los amigos que eran, pertenecientes al mismo equipo. Si ellos se contaran alguna intimidad  estaba más que entendido porque eran amigos, pero nosotros dos éramos dos perfectos desconocidos. Y eso hacía más extraño toda esta confesión escudada en una entrevista. Pero en cierta forma yo lo estaba disfrutando, tal vez era el morbo de su descaro, o la prohibición por yo ser casado.

-Por más que yo lo manoseaba a ese tipo la cosa nunca se le paró, pero eso no fue lo más impactante, lo que más me sorprendió, es que el tipo ese se puso a llorar a moco tendido disque porque tenía poco tiempo de haber roto con su novia, yo lo que realmente pienso es que ese pobre infeliz era marica y quería taparlo diciéndome cosas bonitas, pero se encontró con alguien que si le iba para adelante.- ¡Trauma total!

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Autor: anibalanaya

Barranquillero, licenciado en administración de empresas, escritor y presentador del programa cultural “Socializando con Anibal” transmitido por la emisora digital currambaestereo.com viernes 7:00pm hora de Miami.

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