Soy de los que cuando lee, trata de sacarle provecho al máximo a cada palabra, a cada frase escrita por el autor de la obra.

Mi genero favorito para leer son las novelas, pero igual leo un poco de aquí un poco de allá, me gusta leer y encontrar un buen libro es mi fin.

No me considero un adicto a la lectura, pero sí logro leerme unos cuantos libros al año, digamos que sin modo de ufanarme en promedio leo unos 10 a 12 libros. Esto se los digo para entrar en contexto de lo que en realidad quiero hablar. Mi imaginación se expande y absorbe cada momento de una buena historia, y como a todo lector le sucede, me transporto a cada escenario descrito en las obras literarias  para salirme de mi rutinaria vida y vivir la de cada personaje en los libros.

Las noches son mis preferidas, porque es cuando puedo desencadenar el perro sediento de historias que bebe a sorbos de los manantiales literarios que me paso descubriendo en cada feria de libros, en cada librería y en cada página de internet, para recrearlas en mi mente. Las madrugadas se hacen cortas al obtener un buen relato y las noches en velas pasan a un segundo plano aunque al día siguiente mis ojeras me delaten.  En ese orden de cosas puedo sacar una estadística loca, de decir que de cada 10 libros leídos, tres salen satisfaciendo mis exigencias de lector. Historias borrascosas, intrínsecas, amorosas han sido mi fuerte y aunque he vivido y sufrido en los zapatos de mucho de los personajes a los cuales he disfrutado a borbollones hasta llegar a la culminación y donde después de una jaqueca literaria, en la cual no puedo sacar de mi cabeza las historias leídas para comenzar otro mundo de fascinación, llego a concluir que sufro de una muy mala memoria para recordar si quiera el título del libro leído.

Suena un tanto ilógico que después de disfrutar al máximo una obra literaria, mi cerebro sea tan mal agradecido y no recuerde ni los personajes, ni el título y muy a groso modo la trama. Dejándome muchas veces con la vergüenza de contestar la pregunta de rigor de a todo aquel que conoce mi biblioteca personal que más o menos consta de unos 200 libros, ¿Qué si me he leído todos esos libros? La respuesta no puede ser más peculiar que –Si, pero no me acuerdo de que tratan-

Aquel que escucha esa respuesta tan poco convincente creerá que se encuentra ante un gran mitómano que quiere engrandecer su ego a través de unos méritos no ganados.

Pero la realidad es otra, por eso he encontrado una adicción a releer, una acción catalogada por muchos como pérdida de tiempo, pero es que en cada lectura que realizo de nuevo a esos mundos que ya había visitado encuentro nuevas puertas que no pude abrir cuando las leí por primera vez.

Para nadie es un secreto que al leer un libro le damos la fuerza y el significado a las paginas acorde a lo que hemos vivido o nos encontramos viviendo en ese entonces en el cual efectuamos la lectura. Pues en esa segunda oportunidad que le doy a esos mundos de abrirse y mostrarme cosas que sencillamente había pasado por alto, a frases que me identificaban y que algún día me antojé haber querido decir y que ya en el día de hoy  no presentan el mismo significado que le daba en aquel entonces.

Al adentrarme a las entrañas de los textos comienza a reaparecer aquella memoria perdida de aquellos mundos extraviados en los rincones más recónditos de mi cerebro. Es como si me tomara alguna pócima que aclarara mis recuerdos y me diera paso a seguir adelante.

Y así como encuentro cosas que no había visto, ya sea porque no las imaginé de esa manera o sencillamente porque las había olvidado, también encuentro frases en las cuales me sigo sosteniendo, como si el tiempo en que visité esos universos literarios llenos de pasiones y de sentimientos siguieran siendo los mismos debido a que algunas cicatrices cerraron en falso y solo bastó una releída para que supuraran nuevamente.

Aunque muchas veces sienta que malgasto mi tiempo leyendo libros ya leídos,  la fuerza que desencadena la relectura hace borrar ese sentimiento inoficioso que me hace pensar que pudiera estar descubriendo nuevas historias en vez de estar recordando recuerdos que ya no podía recordar.

Barranquillero, licenciado en administración de empresas, escritor y presentador del programa cultural “Socializando con Anibal” transmitido por la emisora digital currambaestereo.com viernes 7:00pm hora de Miami.

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