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Socializando con Anibal

Anibal emisora

Socializando con Anibal es un espacio de encuentro entre los artistas locales y el público en general. Un programa donde se desarrolla una tertulia amena y cultural, en el cual los escritores, poetas y músicos encuentran una ventana para exponer al mundo sus obras. Es un programa dirigido a la comunidad con alto contenido cultural y social,  enfocado a resaltar nuestros valores humanos.

El escritor Aníbal Anaya, autor del libro “Familias Prestadas” es el encargado de charlar con el público y entrevistar a amigos escritores, productores, cantantes, y gente positiva para el mundo.

Programa radial transmitido por currambaestereo.com a las 7:00 pm hora Miami

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El niño que siempre quise ser

No se había ido y ya lo extrañaba.

La calidez de sus pequeñas manos y la brillantez de sus pupilas las sentían lejanas.

Mi corazón se arrugaba y mis ojos se encharcaban cada vez que la angustia creada, anidaba en mí. Moría lentamente con su despreocupada partida, sentía como algo dentro de mí se dañaba sin que me doliera físicamente.

No debería darle cuna a esos sentimientos degradantes, decían. Pero esas voces eran ajenas a mi sentir de padre.

Eran las primeras vacaciones de verano que él estaría sin nosotros. A sus escasos once años ya se encontraba realizando periplos que yo mismo me hubiera tardado seis años más en cumplir, y en   mi tiempo no fue por vacaciones y tampoco por gusto propio.

Su seguridad envidiable me deja saber que estábamos realizando una buena labor como padres.

Al escuchar su categórica respuesta a nuestra dudosa pregunta dejó manifiesta su personalidad de líder, soñador y aventurero.

Ya el niño estaba creciendo, una realidad a gritos que nos resistíamos a escuchar.

Cruzar esas fronteras aéreas no era fácil para muchos adultos y él ya estaba en camino de romper paradigmas, eso era admirable en mi familia, nunca nadie se había atrevido a tanto.

Mis miedos tenía que tragármelos, yo era el pilar de mi esposa y ella era solo un puñado de lágrimas hecho mujer. Mi hijo con su partida se le llevaba el alma y me dejaba lo que sobraba.

El egoísmo de sentirnos bien al lado de él no iba a impedir que pasara unas vacaciones soñadas por nosotros.

Sus ansias de vivir, de compartir con su otro lado de la familia, de comer cosas nuevas y de divertirse con otros pares me obligaban a ser fuerte y corregir mis debilidades.

Mi niño interior deseó ser él, pero yo fui yo. Nunca nadie quiso ser yo.

Junio mes nono

Es tu cumpleaños, y en vez de felicitarte quiero agradecerte por compartir conmigo todos estos años llenos de amor, paciencia, comprensión, sabiduría, y ternura.

Agradecerte por enseñarme a que la vida tiene varios ángulos para ser vista.

Agradecerte por haberte metido en mi existencia de esa manera y haber cambiado los días de soledad de mi alma.

Agradecerte por darme un hijo tan lindo, la familia que siempre quise tener.

Agradecerte por tus locuras y tus momentos de cordura.

Agradecerte por el mote de queso y los buñuelos de maíz tierno.

Agradecerte por la niña que habita en ti,  y le permites jugar conmigo.

Solo le pido a Dios me deje seguir disfrutando de muchos años más de tu vida llenos de vida.

Dios te mantenga igual que hoy.

Te amo mucho

Verdades de una Mentirosa

Ayer, mientras llevaba a mi hijo a un encuentro de futbol contra su eterno rival, ese equipo que nunca le han podido ganar. Se me acercó una mujer de contextura pequeña, tez pálida, ojos café claros y grandes, muy expresivos. En forma dudosa me abordó preguntándome si yo era escritor de música, yo con el pecho henchido de ego le contesté que no. Soy escritor de libros, respondí.

Ella quiso entablar una conversación pasajera, pero la verdad yo no me encontraba allí para hablar con nadie, yo había ido a ver mi hijo llenarse de experiencia futbolística, el orgullo de ganador tenía que dejarlo guardado para otra ocasión. Pero ella continuaba insistiendo en una conversación que sencillamente yo no deseaba proseguir, aunque si me causaba mucha curiosidad como había asumido que yo era escritor de música, ¿sería que ya me estaba volviendo famoso? Quise indagar un poco, pero eso era echarle más leña a un fuego que no pretendía atender, una charla que no me llevaría a ningún lugar, prefería seguir sufriendo con mi hijo que se dejaba quitar el balón con facilidad de su archirrival el número 7 del otro equipo.

– ¿cómo se llama tu libro?, porque has de saber que a mí me encanta leer, yo leo mientras trabajo, porque trabajo desde mi casa-

Información no deseada, y entre dientes le contesté  “Familias Prestadas”

-¿Dónde lo puedo encontrar?- siguió preguntando ella

En amazon.com le dije con un tono de ya, déjame tranquilo que quiero ver a hijo como juega lo que él le llama futbol.

De repente me muestra su teléfono y me dice, -ya lo compré, espero que me lo firmes apenas llegue- en ese momento le agradecí y añadí algo a la conversación que hubiese deseado nunca antes haber mencionado. “también tengo un espacio en una emisora, se llama socializando con Anibal”

En ese momento sin querer, le di alas a lo que temí que se desarrollara desde un principio, con su voz atiplada y su acento bien marcado de la isla me dejó saber que desearía ser entrevistada.

Con una voz cortante le pregunté que si tenía una historia interesante que contar, el común de las personas contesta a esta pregunta con un no, pero esta mujer no pertenecía al común, y me dijo pues interesante para la mayoría de los hombres y las mujeres que no son mojigatas, ósea tema sexual.

En ese momento me retiré de los oídos los audífonos para prestar más atención al relato que ella empezaría a contar, sus palabras eran bastante dicientes, pero en un tono de voz casi silencioso, para que los demás padres no llegaran a escuchar la historia que ella se disponía a relatar.

Su acento isleño me hacía más difícil la interpretación de sus palabras, por lo que decidí cortar lo que ella decía y le propuse que me llamara a mi teléfono, con tal que se hiciera más privada la conversación.

Mientras mi hijo corría como un salvaje de lado a lado para ganar la oportunidad de un gol, ella entre risotadas de maldad me contaba al oído su más íntimas relaciones, que erizarían al más insensible de los hombres.

Yo, asombrado al ver como una simple desconocida podía mostrar su realidad a alguien que a duras penas había visto entre partido y practica de futbol de los niños. Mi pudor se hacía presente en la conversación, pues sin tildarme de puritano había escenas de su vida que simplemente ponía a volar la imaginación de cualquier insípido. Yo no podía ser parte de su historia, yo era solo un futuro entrevistador para un programa cultural, ¿pero que de cultural tenía esa entrevista?  Por mucho que quise ser imparcial en su relato, de vez en cuando se me salía las ganas de ver un poco de aquello que tanto hablaba.

Ella, a mi lado jugaba con sus cabellos lacios que le llegaban hasta media espalda, misma que tenía descubierta al usar una camisilla verdecita, y adornada con un tatuaje de un ojo con dos alas en medio de sus hombros. Nunca quise demostrarle un tamo de interés, ¡pero un beso en ese tatuaje!, no, yo no podía, mejor dicho yo no debía caer  en su juego incinerador. Era el diablo representado en una dulce mujer, una acaba hogares, una ninfómana, una distorsionada mental, era Perséfone.

Su confesión, que yo no había buscado ni había pedido, me calaba hondamente. Su tono de voz quedo y su risa nerviosa, me incitaban a saber más y más de sus andanzas e infidelidades.  Yo preguntaba y preguntaba, y ella describía sin ningún tapujo toda su maldad a lo largo de sus escasos 28 años de edad. Vivía con sus padres y su hijo, era hija única y ellos nunca se imaginaron que habían engendrado una diosa del inframundo. Un mundo lleno de pecados pero muy bien resguardado por un falso pudor.

En su largo trasegar por los caminos del erotismo ha podido reunir un sinfín de anécdotas en la treintena de hombres que ha consumado, unos por estar borracha, otros por favores a cambio, otros por estar enmarihuanada y otros sencillamente porque sí.  Los dos casos que más me llamaron la atención, fueron: la manera como se cuadro con su novio de más de cinco años de relación, un americano de buena familia que confía ciegamente en ella. Un error craso creer tanto en el amor, pensé yo en mis adentros, pero al verla a ella quien se iba a imaginar todo lo que era capaz de hacer. Ella lo vio caminando desprevenido por el patio de la universidad y le gustó tanto que enseguida lo invitó a salir. Él se rehusó a sus encantos, pero su dulzura envenenada era irresistible. No es que ella fuera extremadamente bonita, solo agraciada, lo que sus millas recorridas eran muchas y sabía muy bien de que pata cojeamos los hombres.

Ella mismo lo invitó a cine, después a comer perro caliente y luego a un motel. Todo pagado y ofrecido por ella, el solo se dejó enredar en sus redes y cuando menos lo esperaba terminó enmarañado en su tela de araña.

Casi cinco años después ella pregonaba a los cuatro vientos que ella tenía novio pero no obligaciones con nadie. Con esa premisa seguía saliendo con cuanto hombre se le atravesara y le dejara algo a cambio.

A mi pregunta de si ella se consideraba una prostituta, ella tajantemente me lo negó. –yo no cobro- dijo ella.

¿Cuál es el motivo por el cual buscas más relaciones? –soy muy difícil de satisfacer, siempre me quedo a medias cuando  mis compañeros hace rato ya han terminado. Los hombres debieran de saber cómo entretener a una mujer- agregó

Pero igual, su novio no tenía ni la más cercana idea a la cuaima que poseía. –yo lo quiero, pero es que él es muy bueno-  y una mujer necesita algo de los dos mundo, me decía mientras su voz temblorosa me confesaba su desfachatez.

De vez en cuando la miraba como se mojaba los labios que se le secaban con la brisa por tanto hablar, yo de vez en cuando también gritaba el nombre de mi hijo para que creyeran que yo le estaba prestando atención a su espectacular partido.

El otro caso que me llamó la atención fue con un compañero de yoga de ella, que siempre la buscaba y le decía lo bonita que ella era, allí en ese preciso momento la miré fijamente para cerciorarme de sus palabras y verdaderamente distaba mucho de una belleza extrema, su cuerpo alámbrico, esmirriado no dejaba comenzar ningún mal pensamiento a primera vista, después que uno la conoce es otra cosa. –Pues una se cree lo que le dicen, si él decía que yo era bella yo me lo creí, fue su culpa por andarme diciendo cosas. Un día le pedí que saliéramos a comer sushi, un restaurante más o menos, todo iba bien, comimos, reímos y  hablamos, muy lindo el muchacho, alto, rubio y con ojos verdes. Yo ya estaba caliente, en el camino a mi casa en su carro, le dije que si tenía condones. Tomé la iniciativa porque el tonto ese no decía nada y la noche ya se aproximaba a su fin. Con esa pregunta le deja claro una a cualquier hombre por estúpido que sea que se lo quiere comer, pero este idiota contestó que no tenía y continuaba conduciendo con rumbo a mi casa. Yo siempre tengo unos cuantos en mi bolso, como él no me decía  más nada, lo invité que entrara a la sala de mi casa para despedirnos mejor, mis padre dormían en su cuarto y tenían el sueño bien pesado, así que por ellos no tenía problema alguno, el mayor inconveniente era mi hijo que ese si tenía el sueño bien liviano, algo súper extraño para un niño de su edad-

¡Como si la rara no fuera ella!

– Yo lo tiré de un empujón en el sofá, sus movimientos fueron muy esquivos, pero igual cayó como yo lo deseaba, acostado y con las piernas semi abiertas, comencé a acariciarle el pipi y eso no le funcionaba, yo tenía un vestido largo, holgado de esos que llega hasta las rodillas, no tenía pantis y ese día se me había olvidado afeitar las piernas, pero eso no le importa a ustedes los hombres cuando están en esas menesteres- acotó.

Mi hijo corría junto al hijo de ella como los amigos que eran, pertenecientes al mismo equipo. Si ellos se contaran alguna intimidad  estaba más que entendido porque eran amigos, pero nosotros dos éramos dos perfectos desconocidos. Y eso hacía más extraño toda esta confesión escudada en una entrevista. Pero en cierta forma yo lo estaba disfrutando, tal vez era el morbo de su descaro, o la prohibición por yo ser casado.

-Por más que yo lo manoseaba a ese tipo la cosa nunca se le paró, pero eso no fue lo más impactante, lo que más me sorprendió, es que el tipo ese se puso a llorar a moco tendido disque porque tenía poco tiempo de haber roto con su novia, yo lo que realmente pienso es que ese pobre infeliz era marica y quería taparlo diciéndome cosas bonitas, pero se encontró con alguien que si le iba para adelante.- ¡Trauma total!

Capítulo 1

Dicen que en las infidelidades son culpables los dos, el infiel y al que le han sido infiel.

Cuando creí que mi historia con los embarazos había quedado atrás y que solo era eso, historia, ahora resulta que mi esposa, la mujer que yo tanto amaba, una vez más estaba en  estado.

Cómo le hacía entender que el primer hijo se lo podía criar, cuidar y querer, pero que un segundo, no cabía dentro de  mis posibilidades, y es que por mucho amor que existiera en nuestra relación, todos tenemos un límite, y este era el mío, “Yo no puedo tener más hijos”, quería gritárselo en su cara, dejarle saber  que sabía su verdad.

Solo de  imaginármela compartiendo su amor con otro, me hacía cambiar el color rojo escarlata de mi sangre a verde monstruo. Juro que si la hubiese visto junto a él, no sé qué sería de mí en ese momento, o más bien de ellos. Hay quienes suelen llamarle efecto de los celos, y hasta podría ser utilizado en mi defensa en una corte –ira irracional- pero Dios sabe cómo hace sus cosas, y en vez de quitarle la madre a un hijo, le dio un padre, como quien dice, nunca los vi juntos haciendo nada indebido.

Una vez leí que los caminos del amor eran dolorosos, y yo le agregaría que además de dolorosos son tortuosos. Nunca antes había estado tan convencido de la veracidad de esa frase, como hasta cuando me dio la “buena nueva”. Llegaba del trabajo a finales del mes de agosto, un viernes por la tarde, el reloj ya pisaba las seis. La semana laboral se encontraba finalizada, sin más ni más, o mejor dicho como de costumbre, mucho trabajo, mucha responsabilidad y el mismo dinero. Al entrar al apartamento como ya había sido adiestrado previamente, me quité los zapatos en la puerta para no rayar el piso de madera marrón oscuro  que habíamos mandado a poner, después de ella convencerme que eso era lo que queríamos, muy costoso y muy lóbrego para lo que yo verdaderamente hubiese deseado. Cerré la puerta detrás de mí, y dejé mi morral encima del sofá. El niño no había llegado del colegio, di un recorrido con mi cabeza por toda la sala y noté el desorden característico, cojines en el piso, dos carros de carreras, pero fijé mi vista en uno de bombero en especial que nos volvía locos con su sirena que a todo momento hacía sonar, quise desaparecerlo, de verdad que me dieron muchas ganas,   pero mi maldad no daba para tanto. Medias tiradas del día anterior, y en el comedor las dos computadoras portátiles conectadas, como si de allí no nos hubiéramos despegado en todo el día.  A medio caminar iba apareciendo la silueta del cuerpo alámbrico semidesnudo y su carita de yo no mato una mosca, los ojos hinchados, indicio que había estado llorando, así que mi primera luz de alerta se encendió, diciéndome que algo no estaba  bien, el silencio de la casa era ensordecedor, solo el motor del aire acondicionado que quedaba en la parte de afuera del edificio ambientaba la tarde, el ronronear de aquel viejo motor se escuchaba con más fuerza cada minuto, como queriéndome advertir. ¿Hola como estas? Su pregunta no habitual, segunda alerta, nunca era tan fría al recibirme y menos un viernes, porque generalmente ya tenía el itinerario armado para todo el fin de semana, con alimentación incluida, un  día común y corriente habría sido: después de estar todos en casa, salíamos a cenar en el restaurante de preferencia de ella y acto seguido una película de cine, genero familiar, por la compañía del pequeño. Con la luz amarilla de mi indicador de peligro encendida proseguí a darle un beso, el cual respondió apartándome de su lado con sus cortos y delgados brazos, -¿qué perfume te echaste hoy? Es que no lo resisto-. Ja,  la luz roja, aquí hay gato encerrado, ¿dime qué pasa? Pregunté con mucha convicción,  porque ya era demasiado evidente la situación, con su rostro medio desencajado y pálido me negó  que algo estuviera sucediendo, algo particular en ella. El hecho de tener que sacarle las palabras con tirabuzón para descorchar botellas, hacía más irritante el momento. insistí y desviando la mirada me contestó con una voz seca, –tengo retraso– vaya, eso lo había notado desde hace rato,  porque muy normal ella no era, pensé en mis adentros, pero no espeté ni una palabra, ella entendió que yo no entendía,  repitió y aclaró –tengo un retraso de unas semanas en mi periodo-. ¡Ah bueno! Eso es diferente a lo que yo pensaba, pero es peor. Sentí como de repente una corriente recorría mi cuerpo y se apoderaba de él, reclamando posesión y bloqueándome  por completo el habla.

El silencio reinó por unos cuantos minutos, tartamudeando pude esgrimir lo que parecía una pregunta, ¿pe pe pero como así?, y para terminar de enterrar el puñal, agregó ella –y lo peor es que ya me realicé una prueba de orina, de las que venden en la farmacia y salió positiva-. Qué irónica la vida, que en este caso positivo en verdad significaba negativo para mí. Fue el broche de oro para el carrusel de sentimientos que se desencadenó, rabia de saber que ese hijo no era mío, tristeza por el pensamiento que de inmediato me abordó para ponerle remedio a aquella metida de pata de la mujer amada, y miedo por el solo hecho de poner en perspectiva el estilo de vida que tendríamos que llevar por criar otro hijo. Dentro de mi estómago sentía cómo el sándwich de atún que almorcé se encontraba en fila detrás de las papitas fritas y la Coca-Cola para ser devueltos por donde entraron, mi sudoración era profusa y fría, la salivación se tornó espesa y amarga, no pude aguantar más y fui víctima de los nervios, tuve que arrojar todo allí en el piso de madera que ella tanto cuidaba y tanto orgullo le causaba, y hasta bueno que lo cuidara con tanto recelo, porque bien caro si había sido.

Una semana después del bochornoso suceso en el condominio, me encontraba camino a un restaurante de comidas rápidas, cuando recibí la llamada de ella, con un tono de seguridad poco convincente. En todo momento mi pensamiento no se había apartado de aquellos dos colores cruzándose entre sí, en la prueba de embarazo para indicar que dentro de su barriga  se encontraba aquel pequeño ser poco deseado por mí.   –Que Dios me perdone por mis pensamientos, si es que puede.- Miles de preguntas y ninguna respuesta, si yo había sido muy condescendiente con el primero y habíamos quedado claro que no queríamos un segundo hijo, como había podido pasar aquel acto de descuido por parte de ella, ahora mismo mi preocupación más real era aquel embarazo,  pues de la infidelidad me encargaría en algún momento de mi vida.

En un amor puro tiene que existir el perdón en su vocabulario o dejaba de llamarse como tal, la verdad a su primer hijo lo adoro, pero con este no quedaba ninguna opción, no lo quiero y no lo querré, no es mío, me niego a seguir con mi papel de padre abnegado, además las muchas veces que abordamos el tema había quedado acordado que no mas, claro está por otros aspectos alejados de mi realidad, pero las reglas eran claras y eso nos hacía pertenecer al mismo equipo, nos colocaba en el mismo cuadrante de la ecuación; ni ella ni yo queríamos tener más embarazos y este surgió accidentalmente, la acción a seguir era más que obvia, interrumpirlo.  De solo pensarlo me revuelve de nuevo el estómago, pero teníamos que ser fuertes y tomar la decisión.

¡Alo! Contesté, sin saludarme siquiera pues la relación se encontraba pasando por un momento bastante tenso, una vez más era probada con fuego, prosiguió con su argumento, -sabes que no estaba en nuestros planes el tener otro hijo- decía ella, en mis pensamientos todo estaba tomando forma, la decisión por más dura que fuera nos tocaba incurrir en ella, nuestra economía estaba bastante resquebrajada y eso era la principal fuerza de apoyo que nos acompañaba para no seguir con el asunto, mis respuestas a sus palabras eran seguidas con monosílabos, ya que en ese momento me encontraba realizando la fila para ordenar mi almuerzo y no quería que nadie se enterara de lo que hablaba, uno tras otro se acercaban al cajero con su pedido, a lo lejos se escuchaba, -dame un numero uno con Coca-Cola-,  mientras ella se extendía en su retórica yo pensaba en lo que comería, el hambre era mi factor predominante en ese momento, -un número tres con queso y sin cebollas- se seguía escuchando, la fila se aminoraba y mi turno de pedir estaba cada vez más cercano, ya mi estómago lo tenía claro, un sándwich de pescado y en vez de papitas fritas, una papa asada con mantequilla, sal y pimienta. Pasaba una persona más y coronaba, el cajero me llamó para poder tomar mi orden, detrás de mí, haciendo la misma fila que yo hice, la cantidad de personas llegaban a unas diez, cada una de ellas atentas a su llamado y a mi llamada, mi vocabulario se extendió ya para darle final a aquella conversación, -sí, tú tienes razón y sabes que te amo, pero es lo más conveniente,- y todo lo que yo había pensado se fue a la mierda, cuando escuche el final de lo que ella decía, –que bueno que también quieras tenerlo-, ¡hay jueputa! El hambre se me quitó de un tajo,  me salí de la fila, caminé al parqueadero, abrí la puerta de mi carro y me senté para poder asimilar lo que ella me acababa de decir, la interrumpí diciéndole que yo quería todo lo contrario y que la verdad, yo creía que de lo que ella me había estado hablando en todo este momento era de sacárselo, con un grito seco, me mando a la mierda, prosiguió con su letanía de aceptación, en la cual incluía a mi abuela, madre, hermana y cuanto personaje encontrara en su memoria, –eso que me acabas de proponer se le dice a una mocita  que tengas en la calle, o a una noviecita en tu adolescencia, haciendo alusión a lo que algún día le conté, pero no a mí que soy tu esposa. De verdad creí que teníamos una relación estable-, y la perorata se extendió por lo que me quedaba de mi tiempo de almuerzo. En ese momento sentí cómo mi mundo enloquecía o ella me lo hacía más loco de lo que ya era.

Terminé mi jornada laboral con un dolor de cabeza de los mil demonios, insoportable por el común de los seres humanos, pero como yo era un animal, por eso fui capaz de aguantarlo, un animal por decir que no podíamos tener ese hijo, un animal por confundir lo que ella trataba de decirme y un animal por no destapar la olla podrida y dejar que la verdad fuera expuesta.                         

Muy aparte de lo maltratada que estaba mi hombría, lo que en realidad me preocupaba era cómo sostener un hogar con dos hijos en estos tiempos de crisis económica, ya que no solo me bastaba con vivirla en casa, también la leía en los periódicos y por la televisión,  cada hora en los boletines informativos la primera noticia presentada era la falta de dinero a nivel mundial. Nuestra economía personal no se encontraba en sus mejores momentos y verdaderamente el panorama no era alentador en lo absoluto. Los ingresos de ella habían sido reducidos a dos días por semanas, pues la compañía donde ella trabajaba se encontraba en reestructuración y eso no significaba otra cosa que despidos. Mi trabajo no era el mismo que cuando el primer hijo, por aquello de la crisis, me vi en la necesidad de encontrar un trabajo de ocho horas diarias y ganando lo que antes me hacía en dos horas, y para colmo de males me encontraba en periodo de prueba, eso en el aspecto económico, ni hablar del trabajo y la responsabilidad que trae un recién nacido, pues no contábamos con ninguna ayuda para esos menesteres, solo sus amigas, que bien buena gente si eran al regalarle de todo.

Al llegar a casa no pudo ser peor, el tira y afloje, de tú me dijiste y yo te dije, ella que sí y yo que no, algo que percibí en su manera de sostener el sí, fue el tono de inseguridad, ósea un sí con cara de no, ella misma se encontraba librando una batalla interna entre su lado objetivo y realista contra su moral y el mundo surrealista en el que insiste en ser parte, mientras que cada punto expuesto de mi parte era cada vez más sólido, ella cada minuto que hablaba se quedaba más sin argumentos, lo único que pudo sacar a relucir fue la bandera del amor, que con amor podríamos hacerlo, a lo que mi respuesta fue: –que por amor era que no quería proseguir, por el estilo de vida que llevaríamos de ahora en adelante-, mi tesis fue siempre basada en lo económico, mi verdadera razón seguía siendo oculta, y la guardaría hasta el final de mi vida, ella nunca sabrá de mi boca que no podría tener hijos y si lo supiera seria el día de mi muerte.

“No existen más que dos reglas para escribir un libro: tener algo que decir y decirlo.” Oscar Wilde

No me gusta dar consejos. Pero lo que a mí me funcionó, no fue ningún secreto dado por ningún gurú. Solo, ser persistente. La clave para escribir un libro no ha podido ser mejor expresada que en la frase de Oscar Wilde que acabamos de leer. No hay ninguna otra clave, regla, pauta, o norma mágica que poseamos los adeptos a la escritura. Ahora, lo que si diferencia a un escritor de otro, son las razones para escribir. Cada uno posee una distinta y única razón para escribir, y entre más intrínseca sea esa razón, mejor es el resultado del material.
En mi caso personal, yo escribo porque sí. Porque al escribir estoy diciendo las historias que llevo guardadas en mi cabeza, y que ya todos aquellos que me rodean están cansados de escuchar.
Algunos escriben buscando fama, o dinero. Hay otros que buscan la inmortalidad, yo no busco ni una cosa, ni la otra. Solo busco ser leído, leído por un lector desprevenido, por un lector apasionado, por un lector enamorado, por un lector despechado o por un lector principiante. Solo quiero entretener con mis historias mágicas, llenas de realismo y ficción. Solo busco demostrarles a aquellas personas que se identifiquen con los personajes, que no están solos en este mundo, y que no solo a ellos les ocurrió, lo que les ocurrió. Que hay alguien en este planeta que se une a sus almas, aunque sea gracias a la ficción.
Quiero regalarles el mensaje de luchar por todo aquello que uno ama. De no solo dejarse llevar por las rutas de la vida, viviéndola porque sí. Un mensaje envuelto, codificado, marinado con la realidad. Un mensaje que a medida que vayamos desenredando la madeja de la historia, se ira develando por sí solo.
Familias Prestadas es el típico libro lleno de amor, odio, humillaciones, mentiras, suspenso, traición, celos, violación, locura, y sosiego. Desarrollado en primera persona, dándole al libro un toque de biografía ficticia, si es que este género existiera. Un libro para personas chismosas, que desean saber más allá de lo normal. Lleno de filosofía cotidiana, develando un mensaje verdadero envuelto en un mar de mentiras.
La calamidad de Mario, no deja saber cuándo se cruza la línea de lo real y lo fantástico. Y la locura del autor, no deja saber que tanto puede soportar un ser humano para llegar a ser feliz.

 

 

“No existe mayor agonía que llevar una historia dentro de ti y no compartirla con nadie”
Maya Angelou

Todo libro tiene una historia detrás, tiene un por qué.

 

Se vale soñar, es la frase que me identifica y que hace que las cosas se hagan y tomen forma en mi vida. Llegué a este país en 1999, como muchos de ustedes con un maletín lleno de ilusiones,  y creo que yo llegué hasta en peor condición, porque el maletín era prestado. Mis ilusiones se fueron distorsionando con el pasar de los años y eso suele sucedernos a muchos de los que aquí vinimos. Mi nombre es Anibal Anaya, nací el 7 de Julio de 1975 en Barranquilla (Colombia). Soy Graduado en un Bachelor en Administración de empresas en Florida National University, en la ciudad de Hialeah.

Un día desperté en mi realidad que me absorbía y comencé a soñar de nuevo.  Entre mis estudios universitarios, trabajo, mi familia y quehaceres domésticos me di cuenta que mi vida estaba plagada de historias que bien merecían ser contadas y emprendí un viaje a la locura, comencé a escribir un libro, ¡como si no fuera poco todas las obligaciones que ya tenía! Escudriñé en mi pasado y mi imaginación se encargó del resto.

Cinco años me tomó terminar mi libro –Familias Prestadas- escrito solo en las madrugadas, porque era el único momento que tenía disponible, y es que cuando uno tiene una pasión, la oscuridad de la noche no es pretexto. Mi sueño ya no me dejaba dormir.

Mario, quien es el personaje principal, se escabulle entre aventuras reales que son sazonadas con la ficción. La locura que es abordada por el protagonista de esta historia, no deja espacio para diferenciar entre la fina línea de una imaginación desbordada por parte del autor y una cotidiana vida de un hombre sin suerte. Seleccionado dentro del género novela, realismo mágico. Invadida de escenas dramáticas, que hace al lector adentrarse en el mundo descrito y tomar partido por algunos de los personajes de la trama. Relatado en un lenguaje sencillo y coloquial, enriquecido de pueblo y marinado en una filosofía muy profunda, que nos lleva a ver la vida desde un punto de vista menos rígido. Narrado en primera persona, tomando posesión del personaje principal para darle una fuerza a la historia bastante realista.

Quiero regalarles a mis lectores el mensaje de luchar por todo aquello que uno ama.  De no solo dejarse llevar por las rutas de la vida, viviéndola porque sí y ofreciendo excusas por haber dejado sus sueños olvidados. Un mensaje envuelto, codificado, embadurnado de  realidad. Un mensaje que a medida que vayamos desenredando la madeja de la historia, se ira develando por sí solo.

No hay que dejarse vencer, con las metas claras, el camino se va labrando solo.